CARIDAD LAFITA NAVARRO

No pudo escogerse una fecha más allegada a los cubanos para que la Ley No. 49, el Código de Trabajo, entrara en vigor: el 26 de julio, pero de 1985. Así quedaban recogidos para su práctica, los postulados que sobre el trabajo y la seguridad social llevaron al asalto al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba, en 1953, y que fueron expuestos por Fidel Castro en su alegato de autodefensa por este hecho, su plataforma política, conocida por La Historia me absolverá, y que ponían en sitial digno al trabajador cubano.

Al promulgarse, el Código satisfizo una vieja aspiración de los trabajadores, que vieron compilados y ampliados sus derechos y obligaciones en un texto de alto rango legal, con lo cual se elevaron las garantías jurídicas de sus intereses y se eliminó en gran medida la dispersión legislativa existente en esos momentos.

La ley de leyes en el campo laboral recoge los derechos alcanzados por los trabajadores, incluyendo los logrados en el capitalismo y perfeccionados por la Revolución, y los que el camino socialista nos ha proporcionado.

La jornada de ocho horas, las vacaciones anuales pagadas (que la Revolución extendió a todos los trabajadores), la licencia por maternidad (que hoy disfrutan todas las trabajadoras con mayores términos y prestaciones), son el resultado de las luchas frontales sostenidas por el movimiento sindical cubano antes del triunfo revolucionario de enero de 1959.

Nuevos derechos llegaron, como el del trabajo en su doble condición de derecho y deber; el cobro del salario legal, antes burlado por los capitalistas; la participación en la dirección de la entidad, y la capacitación y formación profesional, entre otros. Asimismo se inscriben, el derecho de a igual trabajo igual salario, que adquiere en nuestro sistema un carácter social, pues aunque aparecía en la legislación capitalista, el salario constituía un instrumento de discriminación por sexo y raza.

El Código considera el derecho a la seguridad social, la protección ante interrupciones laborales, declaración de disponibilidad y reducción de la capacidad laboral y el derecho a la estimulación material o moral por los éxitos en el trabajo.
Fui partícipe y testigo de de las innumerables jornadas de trabajo para conciliar planteamientos y llegar a la consolidación de una idea que constituiría un enunciado del Código.

Dirigentes sindicales de amplia experiencia, especialistas jurídicos, profesores universitarios y economistas, hurgaron y elaboraron un anteproyecto que fue sometido a un proceso de público debate entre millones de trabajadores, quienes hicieron miles de acotaciones en la celebración de un gran parlamento obrero, y cientos de ellas fueron recogidas en el texto final que luego se convirtió en la Ley No. 49.

En sus tres lustros de vigencia, el Código ha demostrado su validez, cuando al recoger las regulaciones de aplicación generalizada y más estables, ha permitido una práctica más profunda de sus preceptos, mientras que la legislación complementaria en sus resoluciones abarca las normas más susceptibles de cambios o propias de un sector o rama.

En los últimos años, algunos de sus enunciados han tenido variaciones en consonancia con la realidad socioeconómica del país. De ahí que ya esté en marcha un vasto estudio para atemperar el Código a la actualidad de las relaciones de trabajo.

Un ejemplo: el sistema de perfeccionamiento empresarial contiene regulaciones que es preciso llevar al Código de Trabajo, pues no se conocían en el momento de su promulgación, como son las nuevas líneas en el sistema de dirección de la fuerza de trabajo, el ingreso de los trabajadores al empleo, su permanencia y promoción basado en la idoneidad demostrada, la organización del salario, la capacitación bajo el prisma de la competencia laboral y otros.

Hay otras modificaciones vigentes, como las relacionadas con el sistema de justicia laboral, introducidas por el Decreto Ley No. 176 y su legislación complementaria, por hablar de una de las más profundas y universales en el campo de la legislación del trabajo en Cuba.

Como es lógico, el estudio de las modificaciones necesarias al Código implican acciones que no son unilaterales, espontáneas ni impensadas. Muchos criterios y conciliación de valoraciones económicas, jurídicas y sindicales, son necesarios hasta encontrar el enfoque adecuado y el rumbo sobre el cual debe encaminarse la legislación laboral en los inicios del milenio, bajo las nuevas premisas en el orden económico y las características de la sociedad socialista que seguiremos edificando.

Pero mientras se realizan los estudios para la elaboración de las nuevas regulaciones, el actual Código sigue vigente. La realidad cotidiana ha revelado que todavía existen insuficiencias en su conocimiento y aplicación, que puedan convertirse en caldo de cultivo para la comisión de infracciones que lesionan los derechos de los trabajadores y por lo tanto constituyen materia prima para el trabajo sindical. Le corresponde al sindicato, en primer lugar, buscar una mayor capacitación en estas materias y, en segundo, el enfrentamiento a estas violaciones y la búsqueda de acciones para que se subsanen en aras de la legalidad.

Fuente:  http://edicionesanteriores.trabajadores.cu/especiales/trabajo-cuba/derechos_laborales/el_codigo.htm

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